La edad de oro: semana del 21 de febrero

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Traducido por José M. Hernández Lagunes
19 de febrero: feliz cumpleaños, Miguel Batista
(Se nos escapó en nuestro reporte de la semana pasada, el cual incluía cumpleaños hasta el pasado miércoles)
Los estudiosos debatirán durante años si Batista fue un lanzador que sabía escribir o un autor que sabía lanzar. La respuesta es: sí. Firmado por los Expos cuando tenía 17 años proveniente de la República Dominicana, fue seleccionado por los Pirates en el Draft de la Regla 5 de 1991, hizo una aparición y fue devuelto a Montreal, sólo para ser liberado dos años después. Luego pasó por los Marlins, los Cubs, los Expos (de nuevo) y los Royals antes de conseguir su gran oportunidad con los Diamondbacks. En ese equipo campeón del 2001 lanzó más innings que nadie que no se llamara Johnson o Schilling, oscilando entre 18 aperturas y 30 apariciones de relevo. Lanzó 7 y ⅔ innings de partido a cero en el quinto juego de la Serie Mundial y registró el único out no perteneciente a Johnson ni a Schilling en el séptimo juego.
Su larga y sinuosa carrera continuó con seis franquicias más, continuando con el cambio entre abridor/relevista (salvó 30 juegos para los Blue Jays, ganó 16 juegos para los Mariners y lanzó un juego completo para los Mets cuando tenía 40 años). Terminó su trayectoria como relevista de 41 años para los Braves en 2012. Durante su carrera publicó dos libros. Uno fue una compilación de poemas. El otro fue una novela de suspenso titulada “Ante los ojos de la ley”, que se reeditó en inglés como “The Avenger of Blood” (“El vengador de sangre”), el cual habría sido un apodo estupendo para un lanzador que fue eclipsado por Schilling.
21 de febrero: feliz cumpleaños, Jeff Schmidt
Con su notable parecido a Joseph Gordon-Levitt, confundió a los aficionados de los Angels en los años 90s, preguntándose por qué el chico de Ángeles es ahora un lanzador del equipo. Aunque las victorias y derrotas de los lanzadores no “importan”, Schmidt tuvo un récord de 10-41 en ligas menores, comparado con el 2-Zero de su única temporada en las Grandes Ligas. Presume de lo que puedas. El lanzador, seleccionado en la primera ronda por los Angels en 1989, tuvo problemas de management como abridor y buscó enderezar el rumbo con una conversión a relevista en 1996, cuando se ganó una llamada a la gran carpa, pisando su primer montículo de Grandes Ligas en el Yankee Stadium en relevo de Jim Abbott. Como un perro mimado, hubo demasiadas caminatas. Dos temporadas más en el sistema de los Angels, junto con una última oportunidad en la infraestructura de Cleveland, supusieron el fin de su carrera profesional. Hoy trabaja en el departamento de actividades físicas de la Universidad de Wisconsin.
26 de febrero: feliz cumpleaños, Danny Pérez
Una estrella colegial, Pérez fue compañero de equipo de Jeromy Burnitz y Dave Mlicki en Oklahoma State, liderando al equipo con un promedio de bateo de .379 cuando los Cowboys terminaron subcampeones en la Serie Mundial Universitaria de 1990. Dos años más tarde, fue reclutado por Milwaukee y logró un promedio de .351 con su ciudad natal, El Paso, lo que le valió una semana con los Brewers en un viaje de visitantes en el verano de 1996. Jugó en cuatro partidos, dos de ellos como reemplazo defensivo, y se fue de 4-nada—todos contra Mike Timlin o Andy Pettite—en su carrera. Apenas se perdió su reencuentro con Burnitz en los Brewers, quien fue traspasado al equipo un mes después. El 96 sería el closing de su permanencia en los Brewers, y terminó su carrera jugando para cuatro equipos diferentes en la Liga del Atlántico. ¿Habría tenido Pérez una mejor carrera si El Paso tuviese un equipo de Grandes Ligas? Los estudiosos nunca lo sabrán realmente.
26 de febrero: feliz cumpleaños, Matt Luke
Reclutado por los Yankees en el 92, dos cuartas partes de los Evangelios debutó en 1996 como corredor suplente por Rubén Sierra. Anotó, y al parecer habría sido titular al día siguiente, pero debido a una nevada perdió su oportunidad y fue enviado a la banca, de ahí que esa hazaña como corredor emergente fuera su única contribución para los eventuales campeones. Pasó la mayor parte de la temporada del 98 con los Dodgers, salvo un extraño mes de junio en el que fue reclamado por Cleveland y devuelto a su lugar de origen dos semanas después. Terminó su carrera con los Angels la temporada siguiente. Se le recuerda sobre todo por la historia de su infancia, ya que nació con una marca de nacimiento congénita que le cubría gran parte de la cara, lo que le obligó a someterse a numerosas cirugías estéticas, cuya saga fue tratada en un artículo de Tom Rinaldi para la antigua CNNSI.

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